La caída

Un gran libro, donde un juez en bar llamado «Mexico-City» hace pláticas muy interesantes, que van desde la experiencia, algunos consejos, la religión, etc. Por decirlo así, entre más bebe, más profundo se pone el asunto.

La redacción de este escrito es algo peculiar, básicamente en un monólogo, en donde tú debes de intentar saber qué fue lo que le preguntaron o dijeron, que es muy sencillo ya que él te da una referencia.

Este libro va para toda la gente, sin discriminación alguna, es fácil de entender y les juro que se van a entretener mucho.

Frases para que te animes a leer este bello libro:

  1. Un día nos encontramos en la situación de tener una mujer sin desearla realmente. Créame, para ciertas personas, tener lo que no desean es la cosa más difícil del mundo.
  2. Viéndome obrar con los seres humanos yo no podía engañarme acerca de mi naturaleza. Ningún hombre es hipócrita en sus placeres. ¿Leí esto en algún libro, querido compatriota, o sencillamente lo pensé?
  3. Por lo demás, les llamo «mis amigos» por una cuestión de principios. Ya no tengo amigos, sólo cómplices. En cambio, ahora son más. Son todo el género humano, es usted el primero. El que está presente es siempre el primer. ¿Qué cómo sé que no tengo amigos? Es muy sencillo: lo descubrí el día que pensé en matarme para jugarles una mala pasada, para castigarlos en cierto modo. Pero ¿castigar a quién? Algunos se habrían sorprendido, pero ninguno sentiría castigo. Entonces comprendí que no tenía amigos. Además, aunque los hubiera tenido, yo no habría adelantado más por ello. Si me hubiera suicidado y hubiera podido ver inmediatamente sus caras, entonces el juego sí habría valido la pena. Pero la tierra es oscura, querido amigo, la madera, espesa; opaca, la mortaja. ¿Los ojos del alma, dice usted? Sí, sin duda, ¡si es que existe el alma y tiene ojos! Pero, mire usted, no se está seguro, nunca estamos seguros. Si estuviéramos seguros, tendríamos una salida, podríamos al fin tomarnos en serio. Los hombres no están convencidos de vuestras razones, de vuestra sinceridad y de la gravedad de vuestras penas, salvo cuando nos morimos.

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