Otro escrito de nuestro bigotón preferido.
En este pequeño libro, Nietzsche trata de comunicar el verdadero significado de la moral y su vigencia. Además, él como yo, proponemos que no podemos darle una categoría a algo sin definir con respecto a qué, es decir, no podemos decir que es bueno o malo, si no tenemos con qué compararlo, por lo tanto, el sujeto decide qué valores le resultan útiles.
Puse «él como yo», porque en un escrito mío definí lo anterior, es decir, antes de leer este libro, yo ya pensaba en este concepto… (donde hablo sobre ello «¿Por qué le metemos una categoría a todo?«). Lo cual me hace reflexionar que, si pasas leyendo pensamientos ajenos a ti, de una u otra forma, llegarás a las consecuencias de aquellos pensamientos.
Frases para que te animes a leer este bello libro:
- Permanecemos extraños a nosotros mismos, no nos entendemos, tenemos que confundirnos con otros; en nosotros se cumple la frase que dice: «cada uno es para sí mismo el más lejano», en lo que a nosotros se refiere no somos «los que conocemos».
- Los instintos que no se desahogan hacia fuera se vuelven hacia dentro, esto es lo que yo llamo la interiorización del hombre; únicamente con esto se desarrolla en él lo que más tarde se denomina su «alma».
- Y así el filósofo siente horror del matrimonio y de todo aquello que pudiera persuadirle a contraerlo, el matrimonio como obstáculo y fatalidad en su camino hacia el optimun. ¿Qué gran filósofo ha estado casado hasta ahora? Heráclito, Platón, Descartes, Spinoza, Leibniz, Kant, Schopenhauer, no lo tuvieron; más aún, ni siquiera podemos imaginarlos casados. Un filósofo casado es un personaje de comedia, ésta es mi tesis: y por lo que se refiere a aquella excepción, Sócrates, parece que el malicioso Sócrates se casó por ironía, sólo para demostrar esta tesis. Todo filósofo diría lo mismo que dijo Buda en una ocasión, cuando le anunciaron el nacimiento de un hijo. «Me ha nacido Ráhula (un pequeño demonio), una cadena ha sido forjada para mí»; a todo «espíritu libre» tendía que llegarle una hora de reflexión, suponiendo que haya tenido antes un hora vacía de pensamientos, como le llegó en otro tiempo al mismo Buda.
- A un filósofo se le reconoce en que se aparta de tres cosas brillantes y ruidosas: la fama, los príncipes y las mujeres, con lo cual no se ha dicho que estas cosas no vengan a él.