El amor, las mujeres y la muerte

Como cualquier otro libro de filosofía leído en este blog, es bueno, sin embargo, leer lo que piensa Schopenhauer sobre la mujer es muy pesado, y más por todo lo hemos vivido y escuchado en los años 2019 y 2020 aquí en México. Entonces sólo me quedo con los más «saludable» del libro je je.

Este libro no es como «El mundo como voluntad y representación» que, en mi opinión, es muy pesado de leer. Éste es más ligero, yo lo llamaría «friendly», entonces se lo recomiendo a todos los que lean este post, este libro no pide ningún requisito previo y está muy bueno por los temas que toma que son el amor, la muerte, el hombre y la sociedad, el egoísmo, entre otros.

Frases para que te animes a leer este bello libro:

  • Sólo así se explica que hombres razonables y hasta distinguidos se enlacen con arpías y se casen con perdidas y no comprendan cómo han podido hacer tal elección. He aquí por qué los antiguos representaban el Amor con una venda en los ojos. Hasta puede suceder que un enamorado reconozca con claridad los vicios intolerables de temperamento y de carácter en su prometida, que le presagian una vida tormentosa, y hasta puede ocurrir que sufra por eso amargamente sin tener valor para renunciar a ella.
  • Creo, como Sterne, que la voluptuosidad es muy seria. Representaos la pareja más hermosa, la más encantadora: ¡cómo se atraen y repelen, se desean y se huyen con gracia, con un bello juego de amor! Llega el instante de la voluptuosidad: todo jugueteo, toda alegría graciosa y dulce han desaparecido de repente. La pareja se ha puesto seria. ¿Por qué? Porque la voluptuosidad es bestial, y la bestialidad no se ríe. Las fuerzas de la naturaleza obran seriamente en todas partes. La voluptuosidad de los sentidos es lo opuesto al entusiasmo que nos abre el mundo ideal. El entusiasmo y la voluptuosidad son graves, y no taren consigo juguetes.
  • Al paso que la primera mitad de la vida no es más que una infatigable aspiración hacia la felicidad, la segunda mitad, por el contrario, está dominada por un doloroso sentimiento de temor, porque entonces se acaba por darse cuenta más o menos clara de que toda felicidad no es más que una quimera, y sólo el sufrimiento es real. Por eso los espíritus sensatos más que a los que vivos goces aspiran a una ausencia de penas, a un estado invulnerable en cierto modo.
  • Todo el que se mata quiere la vida; sólo se queja de las condiciones en que se le ofrece. No renuncia, pues, a la voluntad de vivir, sino únicamente a la vida, de la cual destruye en su persona uno de los fenómenos transitorios… Precisamente cesa de vivir porque no puede cesar de querer, y suprimiendo en él el fenómeno de la vida, es como afirma su deseo de vivir. Porque justamente el dolor al cual se sustrae es lo que, como mortificación de la voluntad, hubiera podido conducirle a la dejación voluntaria y a quedar libre. Sucede con quien se mata como con un enfermo que prefiere conservar su enfermedad por no tener energía para dejar concluir una operación dolorosa, pero saludable. El sufrimiento soportado con valor le permitiría suprimir la voluntad; pero se exime del sufrimiento destruyendo en su cuerpo aquella manifestación de la voluntad, de tal suerte que ésta subsiste sin obstáculo.

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